Voy hasta tu ciudad a verte, me instalo en el hotel Concorde y te llamo, quedamos para esta tarde, estoy nerviosa, pues no nos hemos visto nunca, pero nos hemos ido conociendo poco a poco desde hace meses mediante internet.
Llamas a la puerta de mi habitación, la abro y allí estas tu, llevas unos tejanos con una camisa blanca, abierta hasta casi donde empiezan tus pechos. Tienes el pelo suelto y mojado, una sonrisa dibuja tu cara. Me quedo sin palabras, la imagen que veo no me la esperaba, es mejor aún que las fotos. Pasas, cierro la puerta y te observo cómo te mueves por la habitación, me acerco a ti, nos presentamos y me das un beso en los labios, después de hablar durante casi una hora, pasas a la acción, a hacer una de las tantas fantasías de las que hemos estado hablado.
Te sientas en una silla y te ato las manos por detrás de tu espalda, aparto tu pelo de tu nuca y la beso, doy un rodeo y me siento en tus piernas, frente a ti, me acerco a tu cuello y lo beso suavemente, mientras voy desabotonando tu camisa, tus hombros quedan al descubierto, los acaricio, te beso en la boca y saboreo tus labios, esos labios carnosos, esos labios que tantas noches ahuyentaron mi sueño, respondes a mis besos, bajo mis manos hasta encontrar tus pechos, quito tu sujetador, es azul con los bordes de encaje, sugerentes dejo al desnudo tus pechos, son pequeños, pero sexys, los acaricio, los toco, me pides que los chupe, sin hacerme esperar, lo hago, lamo tus pechos, los beso, los chupo. Vuelvo a besarte mordiéndote los labios. De repente paro, me pongo de pie y te miro con una sonrisa de medio lado, me preguntas que hago, pongo el dedo índice en tus labios y te digo – SHH, no hables. Me arrodillo, desabrocho tu cinturón, abro los botones de tus tejanos y con algo de dificultad, los bajo hasta los tobillos, te los quito y abro tus piernas y acerco mi boca a tu sexo, pero sin tocarlo, puedes sentir mi respiración en él, no me hago rogar y separo tus labios y juego con tu clítoris, está duro, hinchado, lo cojo entre mis dientes y con la punta de mi lengua lo lamo, eso hace que de tu boca salga un fuerte jadeo, te mueves en la silla, acercándote más a mi boca. Quieres tocarme pero todavía no puedes, sigues atada. Mi lengua busca tus pliegues, saborea tus labios, entra y sale de tu interior sin cesar. Muevo mi lengua en círculos sobre tu clítoris a la vez que meto dos dedos en ti, los saco y los vuelvo a meter, hasta que comienzas a humedecerte.
Me levanto, te llevo hasta el borde de la cama, nos besamos, meto una mano en mi entrepierna, me toco, cuando la saco llevo mis dedos húmedos a tu boca y te desato, me tomas por las muñecas y me empujas hacia la cama, sin darme tiempo a reaccionar. Prácticamente me arrancas la ropa, y te acuestas sobre mí, abres las piernas y rodeas las mías, nuestros sexos están en contacto con la pierna de la otra, te frotas contra mi pierna, aprietas tu sexo contra ella. Puedo escucharte jadear, te echas hacia atrás sin dejar de frotarte, yo levanto más mi pierna, esta húmeda, te cojo por la cintura y trato de seguir tu movimiento, te recuestas sobre mi y tus pechos se rozan con los míos, me besas succionándome la lengua y los labios, esto me excita mucho, susurras palabras en italiano en mi oído y me vuelvo loca. Bajas hasta mi pubis y lo lames, me abres las piernas, lames mis ingles, mis labios, todo mi sexo de arriba abajo, me metes la lengua en mi interior, puedes sentir como las paredes de mi sexo palpitan de deseo. Jadeo y mi respiración se hace difícil, con cada movimiento de tu boca.
Grito de placer cuando me metes tus dedos y al tiempo frotas mi clítoris, te cojo la mano que tienes libre y la llevo a mis pechos, los acaricias, los aprietas, juegas con mis pezones. Mis caderas se mueven al ritmo de tus movimientos, arriba y abajo, de derecha a izquierda, siento como una oleada de placer se va apoderando de mi cuerpo. Es un orgasmo pronto a invadir todo mi ser. Me corro, y un mar de jugos inunda tus labios, subes para besarme, sin dejar de tocar mi sexo, jadeas en mi oído, me lo muerdes y estallo nuevamente de placer.
Me miras a los ojos y me sonríes, puedo ver en tus ojos el cansancio del momento, el placer proporcionado por dos cuerpos que se dejan llevar por la situación. Me dices que esto es mejor aún que nuestras conversaciones. Recuperamos fuerzas para seguir haciendo realidad, el resto de la tarde, nuestras conversaciones.
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