sábado, 27 de marzo de 2010

La Cabaña

Hoy ha amanecido lloviendo, estoy sola observando por una ventana como cae la lluvia, esperando tu llegada, te has ido a por unas cosas al pueblo. Suena el timbre y eres tú, estas empapada, te ha sorprendido la lluvia a medio camino, te hago pasar y te ofrezco una toalla, mientras te quitas parte de tu ropa, observo detenidamente cada movimiento tuyo, me gusta mirarte.
Te doy ropa seca y nos sentamos frente a la chimenea de la cabaña que hemos alquilado, es invierno y hace mucho frío, todavía estas helada y te acercas más al fuego, yo me acerco y me siento detrás de ti, te rodeo con los brazos para darte algo más de calor, apoyas tu cabeza en mi hombro y suspiras, estas temblando por el frío, poco a poco vas entrando en calor. Estamos en silencio escuchando el crepitar del fuego, de repente un trueno nos hace sobresaltar y nos echamos a reír. No deja de llover, o sea que hoy toca quedarnos todo el día dentro de la cabaña, la idea no nos disgusta.
Seguimos sentada junto al fuego, me cuentas, anécdotas de cuando ibas al cole, intercambiamos historias y nos reímos. Se hace un silencio y escuchamos la lluvia caer sobre el tejado, llueve más intensamente que antes. Sigues en mis brazos, yo hago que te gires y quedamos una frente a la otra, te cojo de la cintura y te acerco hacia mí, me coges de las manos y me sonríes, poco a poco nos vamos acercando y nos fundimos en un beso, me abrazas y me susurras al oído cosas muy bonitas. Me entra la risa tonta, y me dices que no me ría. Me preguntas si quiero hacerlo y mi respuesta es un beso, comenzamos a quitarnos muy lentamente la ropa, primero las camisetas y luego los pantalones, con cuidado de no acercarnos demasiado al fuego para no quemarnos.
Me estas mirando a los ojos y me obligas a recostarme sobre la alfombra, comienzas a darme pequeños besos en el cuello y los hombros, vas bajando por mi pecho, yo a la vez acaricio tu cabeza, tu cuello, tu espalda, hoy tu piel es más suave de lo habitual o eso es lo que creo, sigues bajando hasta detenerte en mi ombligo, lo acaricias, acaricias mi estomago, levantas la vista, veo una sonrisa en tus labios, vuelves a subir y me besas en los labios mientras tu mano acaricia mis caderas, mis muslos, mi entrepierna, mi respiración se hace más intensa y entrecortada, cierro los ojos y puedo sentirte dentro, sigues acariciándome y cada vez lo haces más lentamente, lo que hace que me vuelva loca y lo sabes por eso lo haces, te detienes un momento y me miras, acaricias mis labios, mi frente. Coges mi mano y la llevas hasta tus partes, me dices que te acaricie, lo hago y te pongo debajo de mí y comienzo a besar tus pechos bajando hasta tu ombligo, beso tus muslos, tus rodillas, subo para acariciar tus hombros otra vez. Intento besarte pero te apartas muy sutilmente, lo haces varias veces, muerdo suavemente tu barbilla, la beso, beso tu frente, tus ojos, tu rostro. Mi muslo roza tu entrepierna y te gusta, noto que estás húmeda, bajo hasta allí y hundo mi cara en tus piernas, puedo escucharte gemir y que respiras con dificultad, estiro mi mano hasta tus pechos, y los acaricio, me coges la mano me besas y me lames los dedos.
Me obligas a subir cogiéndome por los hombros y te pones sobre mí, ahora eres tú la que está besando mi entrepierna, mi corazón se acelera a tal punto que creo que va a salirse. Te recuestas a mi lado y me abrazas, nos quedamos así bastante tiempo, empapadas en sudor y agitadas. Te doy otro beso y abrazo tu cuerpo muy fuerte contra el mío, acariciándolo, sintiéndote cerca de mí, fuera sigue lloviendo y el frío es más intenso.

lunes, 22 de marzo de 2010

El Crucero

He contratado un crucero por el Mediterráneo, nuestro camarote tiene un balcón privado, que solo nosotras podemos usar.
Mientras tú estabas tomando el sol, yo planeaba una noche especial para las dos. Había llamado para que nos trajeran la cena al camarote, y así lo hacen. Cuando vuelves de la piscina, te tengo preparada la bañera con un baño de burbujas con tu aroma preferido. Tomamos el baño juntas porque me lo pides que sea así, luego te cojo la mano y te llevo hacia la cama, te tumbas boca abajo, y te doy un masaje con un aceite exótico que he comprado para la ocasión. Comienzo por el cuello y voy bajando por tu espalda, es un masaje suave y reconfortante, de fondo suena música celta, y eso hace que te relajes aún más. Sigo con mi masaje por tu espalda, llego hasta tu cintura donde me detengo un rato y vuelvo a subir. Después de casi una media hora de masajes, me acerco despacio hacia tu cuello y lo beso, sigo hasta tus hombros, besando cada milímetro de tu espalda, pasando por tus omoplatos, sigo bajando y voy besando cada centímetro de tus caderas.
Te giras y quedamos frente a frente, tú me besas en el cuello, acariciando mi espalda, nos abrazamos y nos quedamos quietas un rato sintiendo los latidos de nuestros corazones, escuchando nuestra respiración, acariciándonos el cuerpo. Sigo besando tus hombros y voy bajando muy lentamente por tu pecho y me detengo en tu ombligo, juego con tu piercing y saboreo tus caderas, beso tus caderas.
Llaman a la puerta y es el camarero con nuestra cena, pizzas y helado de chocolate y vainilla, la mesa tiene unas velas y cava, el cual no lo vamos a beber porque no nos gusta, pero lo aceptamos porque es un regalo del crucero. Llevamos las pizzas y el helado al balcón y allí cenamos, me dices que te gusta y que me lo he currado. Luego de cenar nos quedamos contemplando la luz de la luna que se refleja en el mar, juntas cogidas de la mano, nos abrazamos y nos quedamos hasta altas horas de la madrugada, volvemos dentro del camarote y nos acostamos a dormir. Te ha gustado la velada y yo espero y deseo que se repita otra vez.

jueves, 18 de marzo de 2010

El Bosque

Es una tarde de primavera, vamos andando por un camino poco transitado, solo nos cruzamos con unas 2 ó 3 personas, caminamos bastante, de repente giras a la izquierda y te metes entre los árboles que rodean el camino, es un sendero aún mas solitario, los árboles son muy altos y frondosos, te sigo aunque llevo un calzado poco adecuado para caminar por aquí, voy con cautela y despacio, podría decirse que algo torpe y tú te ríes de eso, pues caminas con soltura, como si conocieras el terreno, claro que vas con bambas. Ves un árbol y te subes a él, yo intento seguirte pero me quedo a medio camino, no me atrevo a seguir subiendo por esas ramas tan frágiles. Me siento en una que parece lo bastante fuerte como para recostarme sobre ella, tú me miras desde arriba y me retas a que siga subiendo, que suba a tu lado, lo intento pero me acobardo y solo subo un trozo, casi estoy a tu lado, te vuelves a reír y bajas hasta donde estoy. Me dices que no puedo subir por mi edad y que soy una yaya. Sí ya seguro es eso te contesto. Me besas en el cuello, me lo muerdes, sonríes y bajas, tan rápido que tardo en reaccionar, bajo lo más rápido que puedo, pero tu estas lejos del árbol.
Seguimos caminando entre los árboles, solo nosotras dos estamos en el bosque y deseo que no se te vuelva a ocurrir volver a subir a otro árbol. En un claro nos detenemos y nos tumbamos sobre las ramas caídas de un pino. Te pregunto a que vino lo del beso y me dices que fue porque te apetecía, además porque yo nunca lo haría, porque soy una cagona y pienso mucho y no actuó. Te digo que eso no es verdad, lo que realmente pasa es que me impones y no sé qué hacer cuando estoy contigo. Me armo de valor y decido atacar, me pongo encima de ti, me dices que no seré capaz, te cojo las manos por las muñecas, de forma que no puedas moverlas y antes que te des cuenta te estoy besando, me respondes, lo que me sorprende, tu respuesta es un dulce beso, un beso que debí haberte dado hace tiempo ya, un beso que hace que mi corazón se acelere, que la piel se me erice, mi estomago se contraiga, un beso que recorre todo mi ser. Me aparto para mirarte y vuelvo a besarte, pero esta vez el beso es más largo. Suelto tus muñecas, me apoyo sobre la tierra, tus manos están ahora en mi espalda y bajan hasta mi cintura. Giramos sin dejar de besarnos y ahora eres tú la que está sobre mí, te apartas y me dices chica tonta, ves que no era tan difícil y me besas, me coges por la cintura y así permanecemos un buen rato. Ha sido una tarde muy especial la de hoy y deseo desde lo más profundo de mi ser que haya otras tardes como esta.

lunes, 15 de marzo de 2010

El Tren

Nuestro tren sale a las 5 de la tarde, en el recorreremos, una parte de Europa, pasaremos por algunos países como Francia, Suecia, Luxemburgo, Bélgica y tenemos planeado hacer noche en algunos de ellos. Nuestro camarote es acogedor, 2 literas y un pequeño armario, ducha y una pica.
Hace demasiado frío dentro, subo la temperatura, fuera hace mucho calor, es verano, y la previsión meteorológica anuncia más calor y sol para estos 10 días, me pido la cama de abajo, ya que me es más cómoda y no da tanta sensación de claustrofobia. A los 10 minutos de estar en el tren, este se pone en marcha. Decidimos ir a dar una vuelta y tomar algo fresco, en el bar no hay nadie todavía, tan solo la camarera, una chica joven, guapa, de ojos verdes. Nos sentamos en una mesa, se acerca para tomarnos el pedido, se va y me dices
-Le has gustado no te ha quitado ojo. Sonrió y te digo: -Qué dices?, te parece, no lo creo, te equivocas. – Yo no me equivoco, no ha dejado de mirarte. –No me di cuenta, cuando vuelva la miraré, para ver si es cierto….pero no lo creo.
–Ya verás…
Se acerca con nuestro pedido y la observo fijamente, nuestras miradas se cruzan, me sonríe y se pone nerviosa, lo sé porque se le cae un vaso, tú me das una patada por debajo de la mesa.
-Que?, no he hecho nada.
Ella se va, y hay un momento de silencio entre nosotras, te doy la razón.
-Vale le gusto, pero con las ganas se va a quedar. Si quieres le digo de hacer un trío, y me rio. Pero la broma no te hace gracia y estas molesta. –Déjalo, es igual, no lo entiendes, sabes que me molesta lo que haces.
Te quedas en silencio como cada vez que no quieres hablar de algo, como si con el silencio desaparecieran los hechos. Así nos quedamos hasta que me aburro de estar en silencio e intento llevar una conversación, aunque sé que me será difícil, por suerte me sigues la conversación.

El tren está cruzando la frontera con Francia, haremos una parada en Montpellier, esta anocheciendo, tomamos una ducha y vamos a cenar al comedor de esta tarde, la camarera no está para nuestro bienestar. Hay unos camareros y una mujer que parece la jefa, nos hace sentar casi al final del vagón, hay gente de todas las nacionalidades, por supuesto q el idioma q predomina es el inglés, Durante la cena una pareja que está sentada a nuestro lado, comienza a hablar con nosotras, son de México, y vienen a recorrer Europa antes de empezar sus carreras.
Luego de la cena nos vamos a nuestro camarote, me siento en mi litera a leer un rato, tú haces lo mismo. Luego de un rato cojo un cuaderno, y escribo lo que hemos hecho hoy. No tenemos ni idea de donde estamos, llaman a la puerta y es el revisor, luego de enseñarle nuestros billetes, decido ir a tomar un café, tu no vienes porque estas algo cansada, cuando vuelvo, estas dormida.
Por la mañana cuando me despierto tú no estás y veo que estamos en Luxemburgo. El tren estará hasta la tarde, me cambio y salgo del vagón, te veo sentada al sol, damos una vuelta por la ciudad y comemos allí. Mucho antes que salga el tren, ya estamos en el camarote, guardando las cosas que hemos comprado.
Es casi media noche y ya hemos cenado, estas sentada al lado de la ventana, el camarote esta en penumbras, solo está encendida la luz de tu litera, yo estoy sentada frente a ti, la luz de la luna se refleja en tu rostro, te observo en silencio como miras la luna, me miras y nuestros ojos se cruzan.
Me tomas de la mano y nos sentamos en la cama, te acercas y me besas el cuello, los hombros, la garganta y pasas al otro hombro, me vuelves a besar el cuello pero muy lentamente, la piel se me eriza, me susurras al oído y muerdes mi oreja, me acerco más a ti y te abrazo, nos quedamos quietas un rato, hasta que me separo para mirarte, acerco mi boca a la tuya y nuestros labios se rozan, quieres besarme, pero no te dejo, apartando mi cara tan solo unos centímetros, sonrío y vuelves a intentarlo, pero esta vez respondo a tus besos, me muerdes los labios y sigues besándome, mis manos están en tu cintura, cojo tu camiseta y te la quito, hago lo mismo con la mía y luego desabrocho tus tejanos, tu lo haces con los míos, en un momento estamos totalmente desnudas, tu sobre mi y tu muslo entre mis piernas.
Debajo de la almohada tengo unas esposas y con un rápido movimiento te las coloco sorprendiéndote porque no te lo esperabas, la idea te gusta, es más te excita, me giro de forma que quedas debajo mío, tus brazos están estirados, lo cual me permite tener algo de control sobre ti. Beso tu garganta, tus hombros tus pechos, acaricio tus pechos muy suavemente, juego con ellos, los beso una y otra vez, bajo hasta tus caderas, las beso, las acaricio, las saboreo.
Subo para besarte y quitarte las esposas, bajo mi mano hasta tus muslos, los aparto y acaricio tu interior, te estremeces, te mueves, te retuerces, no aparto mi mano de tu interior, mis movimientos son más intensos, más lentos, pero sin pausa. Mis ojos se centran en los tuyos intento mantener tu mirada, pero solo lo logro unos segundos.
Gimes, tu respiración es entrecortada, pausada, beso tus caderas, tus muslos. Te doy la vuelta y acaricio tu espalda, tu cintura, me gusta el tatoo que llevas en la espalda, en tu lado izquierdo, un tigre. Dibujo el tatoo con el dedo, sigo cada línea, te hace cosquillas, te excita, cuento cada lunar, beso cada lunar. Es un juego sexy y me gusta.
Nos besamos, me rodeas con tus brazos, estamos sentada una frente a la otra, mis piernas rodean tu cintura, tu mano baja desde mis hombros hasta mis pechos, los acaricias, los tocas, los presionas, los besas, los lames. Besas mi barbilla, mi garganta, poco a poco, me haces recostarme, acaricias mis muslos, mis caderas, mi entrepierna, a este punto mi respiración comienza a dificultase y agitarse, siento como juegas con tus dedos dentro mío, me haces vibrar, me estremezco, me humedezco, sacas tu mano y coges la mía, la llevas hasta tu interior, te toco, te acaricio, tú haces lo mismo a la vez. Nos besamos sin dejar de tocarnos, sin dejar de acariciarnos, llegamos juntas al orgasmo, nos quedamos muy quietas, jadeando, muy suavemente nos separamos pero nuestros cuerpos siguen enlazados. A la mañana siguiente, llegamos a Bélgica, no bajamos, pues estamos cansadas por la noche anterior.

Las Estrellas

Me pasas a buscar por mi piso, me llevas en un coche que has alquilado, nos alejamos de la ciudad por la autopista, no sabemos hacia dónde vamos, no me dices qué planes tienes, solo sé que quieres que nos alejemos de la ciudad, llevamos solo una mochila pues vamos a pasar la noche fuera y regresaremos mañana por la tarde. Pongo música, en este momento está sonando una de tus canciones preferidas “I SEE YOU” de Leona Lewis, sigues conduciendo en silencio escuchando la canción, te miro y sé por tu rostro, que te recuerda a alguien y prefiero no preguntar nada.
Así pasan las canciones y empezamos a hablar, pasamos por varios pueblos, pero no paramos en ninguno, continuamos hasta que oscurece, llegamos a un pueblo pequeñito que no está en los mapas, nos gusta y decidimos pasar allí la noche, nos registramos en un hostal y salimos a dar una vuelta para conocer el pueblo. Como tenemos hambre entramos en una fonda y pedimos unos bocadillos. Al salir cogemos el coche y vamos hacia las afueras del poblado, nos detenemos en un paraje, bajamos y nos sentamos en el capot del coche, me dices que una vez me habías dicho que miraríamos juntas las estrellas y esta noche es la elegida. Suerte que el cielo está despejado y lleno de estrellas. Esta noche me siento muy bien a tu lado y deseo que no acabe nunca, estas a mi lado, en silencio observando el cielo, las estrellas, no dejo de mirarte, pues no sé si se va a repetir una noche como ésta. Me preguntas Por qué te miro y te digo porque me gusta hacerlo, y mientras lo hago me imagino besándote, me imagino como es tu sabor, como es mirarte a los ojos y saber que correspondes. Miro al cielo y doy las gracias por haberte conocido, por estar conmigo esta noche, por estar a tu lado hoy, seguimos contemplando las estrellas en silencio, cojo tu mano y así nos quedamos un rato, hasta que tú te acercas a mí y me abrazas porque está empezando a bajar la temperatura y tienes frio, mi corazón late más deprisa de lo normal y temo que puedas darte cuenta de ello, respiro profundamente y respondo a tu abrazo intentando darte un poco de calor, de hacerte sentir bien. Es tarde y volvemos al pueblo, al hostal, estamos algo cansadas y nos vamos directamente a la cama, dormimos juntas y abrazadas, hasta la mañana siguiente.

viernes, 12 de marzo de 2010

Para ti

Sabes que me gustas, sabes que por tí haria cualquier cosa que me pidieras, sabes que me enamoré de tí, sabes......que te quiero.
Desde el momento en que te conocí, supe lo queria, supe que queria estar contigo.
Me has enseñado a descubrir mi lado oculto, mi lado secreto. Solo tu eres capaz de calmar mi genio, solo tu eres capaz de ver las cosas desde otro punto de vista. Solo tu eres la que quiero, solo tu eres la que llevo en mi corazón. La única de la que realmente me enamoré.
Pero fui tonta y te deje escapar, deje que te fueras por no atreverme, deje que te fueras porque no supe ser realmente yo.
Y ahora que te has ido me doy cuenta de lo que tenia y de lo que pudo haber sido, ahora es cuando me doy cuenta que realmente puedo atreverme.

El Baile

Estamos bailando sensual y provocadoramente, todas nos miran, y desean ser una de nosotras, bailamos mirándonos a los ojos y rozando nuestros labios. Estamos tan metidas en nuestro baile, que nos olvidamos de la gente que nos rodea. Me vas llevando con el ritmo de la música hasta la pared, pones tus manos alrededor de mí y me dices que no tengo escapatoria, yo intento moverme, intento escapar, sonríes maliciosamente y me besas, me besas con pasión, me besas con sentimiento. De repente te apartas, me coges la mano y tiras de ella, seguimos bailando, yo me giro y me alejo de ti, no sin antes hacerte un gesto para que me sigas. Salimos del local, nos metemos en un taxi, ni siquiera nos tocamos en todo el viaje. Llegamos a destino, un hotel, en el ascensor no paramos de tocarnos y besarnos.
Llegamos a la habitación, te sientas al borde de la cama, tus manos están en mi cintura y las mías rodean tu cara, te beso mientras tú me desabrochas los tejanos. Quito tu camisa mientras beso tus hombros y tu cuello. Te susurro al oído…Fóllame. En un momento estamos desnudas, tumbadas en la cama, tú estás sobre mí, acariciándome y besándome, te mueves de arriba abajo, frotando tu sexo húmedo contra mi pierna, jadeando en voz baja, un jadeo casi inaudible. Eso hace que me excite aún más.
Tu mano va bajando desde mi pecho hasta mi pubis. Lo acaricias, me separas las piernas con suavidad, mientras, no dejamos de besarnos, te siento dentro de mí. Yo no dejo de besar tu cuello, morderlo, saborearlo y acariciarlo. Giro y ahora soy yo la que está sobre ti, voy bajando, besando tus pechos, lamiéndolos, saboreando tu piel, lo hago tan lentamente que te desesperas. Sigo bajando y me detengo en tu cintura, beso tu ombligo y juego con tu piercing, vuelvo a subir para besarte y decirte al oído que me hagas el amor.
Nos pasamos toda la noche, en vela, disfrutando del momento, disfrutando del hecho, conociendo nuestros cuerpos; y yo descubriendo un mundo nuevo para mí. Por la mañana amanecemos abrazadas y todavía excitadas por la noche de pasión que hemos tenido.

jueves, 11 de marzo de 2010

La Piscina

El día ha amanecido soleado y con mucho calor, nosotras estamos en una excursión que durará toda la mañana y parte de la tarde.
Cuando volvemos a nuestro hotel, decidimos ir a tomar el sol, pues debemos volver morenas; nos ponemos nuestros bikinis y nos vamos a la piscina, está casi desierta, salvo por una pareja y nosotras. Nos ponemos en unas tumbonas que hay algo alejadas de la zona donde está la pareja, me pides que te ponga el bronceador por la espalda, algo que me gusta hacer, lo hago y froto tu espalda, tus hombros, tus caderas, es como un masaje que te doy; al llegar a tus piernas, acaricio con algo de malicia la parte interior de tus muslos, te gusta y lo disfrutas, acerco mis manos a tu entrepierna, la rozo y te inquietas, como sé que te gusta lo vuelvo a hacer una vez más. Me levanto sin más y me siento en mi tumbona a tomar el sol.
Me dices: - Qué haces, por qué no sigues?
-Porque ya he acabado de ponerte el bronceador - Te contesto.
- Ya, pero no puedes dejarme así.
Me río y no te contesto, solo te miro y sigo como si nada.
Seguimos tomando el sol, hace mucho calor, tu te levantas y vas hacia la piscina, te zambulles en ella y nadas un rato, para refrescar "tu calor"?, me llamas, pero yo me niego a ir porque quiero seguir aquí al solecito.
Después de un rato, desistes en seguir nadando sola, sales de la piscina y te acercas a mi, estas acostada sobre mi, húmeda, mojada y fría, yo no me inmuto hasta que empiezas a morder mis hombros, mi cuello, mi boca, frotas tus caderas contra las mías, yo te respondo al instante acariciándote, besándote, mordiéndote.
Me susurras al oído que vayamos a la piscina, yo estoy de acuerdo. Estamos frente a frente, mi espalda contra la pared, me rodeas con tus brazos, te cojes del borde de la piscina, yo mientras te cojo de la cintura con una mano y la otra la meto dentro de tu bañador, estoy dentro de ti, con mis dedos acaricio tu clítoris, lo pellizco, lo froto suavemente y noto como te vas excitando, fijas tus ojos en los mios, me besas, me muerdes el labio, tan fuerte que me causas dolor y aparto mi cara de la tuya, comienzas a jadear ala vez que me cojes por el cuello y tus piernas rodean mi cintura, yo sigo en mi labor de darte placer, de hacerte sentir una electricidad que recorre todo tu cuerpo, hasta que ahogas un jadeo casi mudo....el orgasmo.
Te beso sin sacar aún mi mano de ti, nos miramos a los ojos y nos abrazamos. Nos apartamos segundos antes de que el socorrista se pare al lado nuestro y nos diga que es hora de cerrar la piscina.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Mientes

Escucho tus palabras y sé que me mientes, te conozco, veo tus gestos y oigo tus palabras, oigo las palabras que emanan de tu boca, palabras vacías, palabras huecas.
Palabras que no son verdaderas, me mientes y lo sé, lo sé porque conozco la verdad, tu verdad, la verdad que me ocultas.
Mientes, por qué mientes?, siempre mientes, no mientas. Te conozco y tus palabras hieren, molestan y perturban mi tranquilidad.
Conozco esa parte de ti y la conozco muy bien, y sé que lo que me cuentas no es verdad, por mucho que te empeñes en decirme que no es así. Estas escribiendo una nueva página en tu vida y yo no estoy en ella, pero no es eso lo que me molesta, no es eso lo que me hace daño, sino el hecho de que me mientas.
Yo soy sincera contigo y me muestro tal y como soy, me abro a ti, me expongo, a veces demasiado, pero lo único que obtengo de ti son tus mentiras, aunque me las disfrazas y me lo haces ver de otra manera, de otro color, desde otro punto de vista, intentas hacerme ver que me equivoco, cuando ambas sabemos de sobras que no es así, cuando sabes de sobras que tengo razón, que digo la verdad.