jueves, 18 de marzo de 2010

El Bosque

Es una tarde de primavera, vamos andando por un camino poco transitado, solo nos cruzamos con unas 2 ó 3 personas, caminamos bastante, de repente giras a la izquierda y te metes entre los árboles que rodean el camino, es un sendero aún mas solitario, los árboles son muy altos y frondosos, te sigo aunque llevo un calzado poco adecuado para caminar por aquí, voy con cautela y despacio, podría decirse que algo torpe y tú te ríes de eso, pues caminas con soltura, como si conocieras el terreno, claro que vas con bambas. Ves un árbol y te subes a él, yo intento seguirte pero me quedo a medio camino, no me atrevo a seguir subiendo por esas ramas tan frágiles. Me siento en una que parece lo bastante fuerte como para recostarme sobre ella, tú me miras desde arriba y me retas a que siga subiendo, que suba a tu lado, lo intento pero me acobardo y solo subo un trozo, casi estoy a tu lado, te vuelves a reír y bajas hasta donde estoy. Me dices que no puedo subir por mi edad y que soy una yaya. Sí ya seguro es eso te contesto. Me besas en el cuello, me lo muerdes, sonríes y bajas, tan rápido que tardo en reaccionar, bajo lo más rápido que puedo, pero tu estas lejos del árbol.
Seguimos caminando entre los árboles, solo nosotras dos estamos en el bosque y deseo que no se te vuelva a ocurrir volver a subir a otro árbol. En un claro nos detenemos y nos tumbamos sobre las ramas caídas de un pino. Te pregunto a que vino lo del beso y me dices que fue porque te apetecía, además porque yo nunca lo haría, porque soy una cagona y pienso mucho y no actuó. Te digo que eso no es verdad, lo que realmente pasa es que me impones y no sé qué hacer cuando estoy contigo. Me armo de valor y decido atacar, me pongo encima de ti, me dices que no seré capaz, te cojo las manos por las muñecas, de forma que no puedas moverlas y antes que te des cuenta te estoy besando, me respondes, lo que me sorprende, tu respuesta es un dulce beso, un beso que debí haberte dado hace tiempo ya, un beso que hace que mi corazón se acelere, que la piel se me erice, mi estomago se contraiga, un beso que recorre todo mi ser. Me aparto para mirarte y vuelvo a besarte, pero esta vez el beso es más largo. Suelto tus muñecas, me apoyo sobre la tierra, tus manos están ahora en mi espalda y bajan hasta mi cintura. Giramos sin dejar de besarnos y ahora eres tú la que está sobre mí, te apartas y me dices chica tonta, ves que no era tan difícil y me besas, me coges por la cintura y así permanecemos un buen rato. Ha sido una tarde muy especial la de hoy y deseo desde lo más profundo de mi ser que haya otras tardes como esta.

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