Amaneció lloviendo a cantaros y no deja de llover desde anoche. Hay tormenta y los truenos suenan muy fuerte, me acurruco en la cama, tú me abrazas y suena un trueno provocando un ruido estrepitoso, haciendo que me estremezca por completo, mucha gracia no me hacen las tormentas. Cuando era pequeña les tenía mucho miedo y ahora de mayor pues no me molan.
Me siento protegida en tus brazos, siento tu calor hasta puedo sentir el latir de tu corazón, escucho tu respiración en mi oído, cierro los ojos y siento que estoy flotando. Me abrazas fuerte cada vez que suena un trueno, suspiro y me doy la vuelta, te miro a los ojos, miro la redondez de tus labios y los beso muy suavemente, los muerdo y sonrio. Acaricio tu pelo, aparto un mechón, y vuelvo a acariciar tu rostro, recorro con mi dedo tus cejas, tus ojos, tus mejillas, tus labios, besas mi dedo, lo chupas. Te vuelvo a besar, y me coloco encima de ti, beso tu cuello, tus hombros, tu boca, muerdo tus labios, me gusta morderlos. Atrapo tu labio inferior con mis dientes y lo lamo con la punta de mi lengua, lo libero, y me besas, juegas con mi piercing, me excito, y voy bajando por tu pecho, sin dejar de besarte, me detengo en tus pechos, los lamo, los chupo, los succiono, los acaricio con suavidad, lamiendo tus pezones que comienzan a endurecerse, hago círculos con la lengua alrededor de él y de su aureola. Los beso, y voy bajando por tu vientre con pequeños besos hasta tu ombligo, beso cada parte de tu vientre, de tus caderas.
Beso tus caderas, las muerdo, las acaricio. Vuelvo a tu boca y nos fundimos en un beso cálido, en un beso casi eterno. Me abrazas y acaricias mi espalda, la recorres de arriba abajo haciendo erizar mi piel, me giras y quedas sobre mí, me coges de las muñecas inmovilizándome casi por completo, solo puedo mover mis caderas y mis piernas, con ellas atrapo las tuyas y comenzamos una batalla por intentar escapar la una de la otra. Muerdes mi cuello y me retuerzo bajo tus caderas pero no suelto tus piernas, al contrario las cojo con más fuerza. Bajas tu boca hasta mis pezones y los besas, los lames, no sueltas mis muñecas, estiras mis brazos sobre mi cabeza y con una mano sujetas, mis manos. No creí que tuvieses tanta fuerza en tus brazos, con tu mano libre tocas mi pecho, lo acaricias y juegas con mis pezones pellizcándolos, rozándolos con la palma de la mano.
Sigo moviendo mis caderas bajo tu cuerpo, decido entonces relajarme abro mis piernas así tus muslos se entrelazan con los míos, tu sexo se frota con mi pierna, y a la vez mi sexo se frota con la tuya, siento como te humedeces, como poco a poco nos vamos excitando, te siento mojada, Quiero liberarme de tus manos pero no puedo, quiero acariciarte, tocarte, rozarte, tu no me dejas, bajas tu mano, me abres aún más y frotas mi sexo muy lentamente de manera suave pero firme, me vuelvo loca, respiro agitada en tu boca, en tu oído, en tu cuello.
Sigues acariciando mi sexo, me abres los labios y tocas mi clítoris, lo frotas, lo pellizcas, y lo vuelves a frotar, pasas tu dedo por todo mi ser. Humedeciéndome por completo, me metes un dedo y juegas en mi interior, lo sacas y lo vuelves a meter, una y otra vez, y otra vez y otra vez, haciendo que sienta un fuego desde mi interior y recorra todo mi cuerpo, esto hace que me mueva al compas de tus movimientos elevando mis caderas con cada movimiento de tu mano, no dejas de besarme y de susurrarme al oído. Estoy a punto de correrme, pero no quiero hacerlo aún, quiero seguir disfrutando de tus caricias.
Me besas los pechos, lames mis pezones otra vez y recorres mi cuello con tu lengua, hasta llegar a mis hombros, escucho tu respiración muy cerca de mi oído. Frotas mi clítoris el cual ya esta hinchado y duro y a la vez metes otro dedo en mi interior, mis fluidos comienzan a emanar de mí mojando tu mano y lubricando mi entrepierna, me corro en medio de una oleada de calor, mi cuerpo se contrae y mi respiración se acelera. Sacas tu mano lentamente y las llevas a mis labios, los acaricias y los besas. Hacemos el amor lenta y delicadamente toda la tarde, mientras, fuera la tormenta parece que amina. Has conseguido que me olvide de ella por unas horas y me sienta protegida, gracias a tus juegos, a tus caricias, a tus besos.
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