miércoles, 26 de mayo de 2010

La carretera

Vamos en tu coche, con la música a tope por la carretera, es un día de verano y hace bastante calor, no tenemos un destino fijo, solo vamos donde nos apetezca. Ya llevas 3 horas conduciendo y es tiempo de parar, estas algo cansada y necesitamos estirar las piernas, llegamos a una gasolinera donde nos detenemos, cogemos unos refrescos y algo para comer, después de un rato seguimos viaje, pero esta vez soy yo la que conduce.
Te miro de reojo y noto que llevas una camiseta de tirantes con un escote que insinúa tus pechos, esos pechos que tantas veces bese, acaricie, en los que dormí y amanecí más de una vez. Intento apartar mi vista de ellos, pero no es fácil. Centro mi vista en la carretera y mi atención en la música, mi mano está en la palanca de marchas, la coges y la acaricias, luego la llevas a tu entrepierna, y te frotas, llevas unos pantalones cortos y finos, los desabrochas y metes mi mano en ellos.
– Así no puedo conducir, - te digo. –Ah sí?, Y por qué no? – Tú qué crees?, Quieres que tengamos un accidente?, de veras que con estas distracciones no puedo conducir, recuerda que soy conductora novel. – Jaja, chica tonta, sí que puedes. Me sacas la mano y me chupas los dedos, y siento un hormigueo en mi cuerpo.


Llegamos a un pueblecillo y hacemos noche allí, ya es tarde, por lo que cenamos un bocadillo rápido y luego nos iremos a dormir, una vez en la habitación del hostal, voy al WC y lleno la bañera, tomaré un baño de espuma, el viaje me ha “estresado”. Pongo el gel para hacer espuma y cuando la temperatura del agua está a punto, me meto y me relajo, unos minutos después apareces por la puerta completamente desnuda, me quedo sin aliento. Te acercas y te metes dentro, estamos frente a frente, mis ojos están clavados en tus pechos que sobresalen a medias del agua. Aparto mi mirada de ellos, ahora miro tus labios, estamos quietas y en silencio, tocas con tu pie mi sexo, te miro y sonríes, sigues con tus movimientos, dejo que hagas de mi lo que quieras. Es una sensación extraña y me gusta, hago lo mismo que tu e imito tus movimientos por un momento, luego me levanto y me siento entre tus piernas de espaldas a ti, me abrazas y apoyo mi cabeza en tu hombro, me besas con suaves besos en el cuello, suspiro y te pido que continúes.
Nuestros dedos están entrelazados, llevo una mano a mi pecho y la otra a mi sexo, encuentras mi clítoris, lo frotas suavemente, está hinchado, duro, lo acaricias, me metes un dedo mientras con el otro frotas mi clítoris, el agua se sale de la bañera, me agito cada vez más. Siento tu sexo palpitar en mi cintura, me froto contra él y escucho como jadeas en mi oreja. Me muerdes la oreja, me besas el cuello, tus besos son más intensos, llevo mi mano a tu cuello y con la otra intento sujetarme al borde de la bañera, giro mi cara y busco con urgencia tu boca, nos besamos, tú sigues con tus movimientos, sigues jugando con tus dedos dentro de mí, tus movimientos son más intensos, más rápidos. Siento una oleada que invade mi cuerpo, desde mis pies hasta mi cabeza, me retuerzo con espasmos que anuncia que estoy llegando al orgasmo, me corro y mi cuerpo se contrae, intento volver a normalizar mi respiración, respiro profundamente, tus dedos no salen de mi interior y nos seguimos besando, así nos quedamos un rato, hasta que sueltas una risita burlona, nos reímos juntas, sacas tus dedos, me abrazas y me vuelves a besar.
Salimos de la bañera, nos secamos, te cojo de la cintura y tiro de ti, nuestros pechos se rozan, pones primero una pierna alrededor de mi cintura y luego la otra, de manera que ambas rodean mi cintura, siento el calor de tu sexo en mi vientre, te llevo a la cama, me tumbo sobre ti, y te beso, beso todo tu cuerpo, tu cuello, tus pechos, tu vientre, tus caderas. Acaricio tus piernas, tu vientre, tu ombligo. Te doy la vuelta y hago lo mismo con tu espalda, recorro con el dedo el tatoo que llevas a la altura de tus riñones, recorro cada línea del animal, voy bajando y beso tus nalgas, las acaricio, son suaves como el terciopelo, lisas, te giras y beso el interior de tus muslos, beso tus ingles, las lamo, abro tus labios y beso tu clítoris, lo froto, lo chupo, lo muerdo, gimes de placer, te agitas, te mueves al ritmo de mi lengua, mi piercing lleva una bola de goma con una especie de pinchos suaves. Recorro cada pliegue, cada milímetro, cada parte de tu sexo, tu clítoris se hincha y se endurece cada vez que lo toco con mi piercing. Tus jugos empiezan a fluir de tu interior, mojan mis labios, mi boca, mi garganta. Sigo besando todo tu cuerpo antes que te corras, trepo por tus caderas hasta llegar a tu cuello, lo muerdo, lo beso, bajo mi mano y estimulo tu sexo caliente y mojado, con destreza y firmeza, te corres mojando por completo mi mano y mis dedos, te abrazo y te beso, nos quedamos así, agitadas hasta caer en un sueño profundo.


Estoy dormida boca abajo y me despierto al notar tus manos en mis muslos, me los separas y siento tu lengua en mi sexo, la siento que entra y sale, entra y sale. Juegas con mi clítoris aún dormido, que se empieza a endurecer, no me muevo, solo abro más mis piernas para que puedas saborear más mi sexo, no dejas de acariciar mis nalgas, las frotas, las aprietas mientras tu lengua recorre mi clítoris en círculos. De repente te paras, me giras y vuelves a hundir tu cara, pasas tu lengua por todo mi sexo de arriba abajo, lo vuelves a hacer y jadeo de placer. Te reincorporas, subes hasta mis caderas me abres las piernas cruzas tus piernas con las mías, de manera que nuestros sexos pueden tocarse, nos frotamos enérgicamente primero y luego muy lentamente, acompasadamente, nuestros clítoris se frotan, y empezamos a mojarnos, siento palpitar tu sexo en el mío, siento tus fluidos mojar mis muslos, mis ingles, estiras una mano y me acaricias los pechos, luego mis labios, no dejamos de movernos, cada vez estoy más excitada, más agitada estoy a punto de correrme, me pides que lo hagamos juntas, te espero, bajo mi mano y alcanzo tu clítoris, lo froto, lo estimulo, estas muy mojada, y ardiente. Nos corremos al mismo tiempo, nuestros fluidos se mezclan y caen por nuestros muslos, recorriendo nuestros sexos. Te recuestas a mi lado y me susurras al oído que tenías hambre y no ibas a quedarte con las ganas.

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